Maximiliano Ballarini: La mejor versión de sí mismo.

Maxi
Maximiliano Ballarini
ocupa actualmente el puesto de Director Creativo Digital en Ogilvy & Mather Argentina. Estudió Publicidad en la Universidad de Morón, atravesando uno de los momentos de mayores sacudidas del país, que golpeó a la industria publicitaria tanto en la calidad de su desarrollo, como en el abanico de posibilidades laborales con las que contaba. La historia de una profesión que sufrió todos los cambios posibles y un puñado de consejos útiles para superar los momentos de crisis en esta nota.

Antes de ser el responsable de todo el trabajo creativo del área digital, Maxi era Director de Arte. El pasaje de una instancia a la otra no es un cambio simple: las obligaciones crecen y nuevos conceptos entran en juego en el día a día. “La dirección creativa involucra una visión un poco más macro. De golpe las palabras planning y estrategia empiezan a tener otra importancia. Hay mucho para disfrutar en el proceso, aunque a veces también se sufra; y no hay nada mejor que el día en que la campaña a la cuál estás siguiendo ve la luz”. Es entonces cuando nuestro entrevistado decide comparar el rol de un Director Creativo con el de un Curador de Arte: diseñan y planifican, gestionan y coordinan, y son críticos cuando deben serlo.

Para enfrentar estas responsabilidades y ser el elegido de una agencia como lo es Ogilvy, hubo un gran proceso de preparación académica y experimental. “Un par de años antes de terminar el secundario ya manejaba programas de procesamiento de imágenes. Todo empezó como un hobbie, una competencia con un amigo para ver quién retocaba más rápido y podía hacer la mejor broma fotográfica. Sin darme cuenta empecé a meterme en ese mundo como autodidacta, pasaba horas delante de la computadora. En ese momento la publicidad argentina estaba en su auge y era imposible no dejarse llevar”. Asegura que no le costó elegir su carrera y que fue algo casi natural. Empezó en la Universidad de Morón en el año 2000, cuando las palabras Adlatina o Gmail sonaban lejanas y ultra tecnológicas. Sin siquiera imaginar el advenimiento de los smartphones y la mejoría de los sistemas digitales, todo era nuevo y fascinante.

Llegado el 2001, el país atravesó una ya conocida explosión. “Si en alguna industria golpeó fuerte, fue en la publicitaria. Las revistas empezaron a adelgazar y ya casi no había gráficas. En la tele se notaba mucho, y en mi familia también”. Fue entonces cuando Maxi consiguió su primer trabajo en una imprenta en la que, si bien las tareas no eran estrictamente publicitarias, sirvieron como entrenamiento para el manejo de herramientas. Tres años más tarde entraría a su primera agencia, iniciando un camino acumulativo de éxitos. “Con el tiempo sucedió, creo que hasta más rápido de lo que imaginaba. Hoy miro hacia atrás y veo que no fue un camino fácil, horas y horas extras tratando de sacar lo mejor. Pero eso me preparó para ser quien soy hoy y, la verdad, no me arrepiento de nada”.

Su consejo para aquellos estudiantes de publicidad que temen a no poder insertarse laboralmente, es empezar por comprender que la Publicidad es una profesión por naturaleza complicada, envuelta en un mercado cada vez más competitivo que dificulta el acceso. “No dejen de estudiar. Estudien guión, fotografía, cine, programación, arte, globología, lo que sea; todo suma. No duden en mostrar lo que saben hacer, esta no es una profesión para gente tímida. Empiecen a amigarse con la frustración porque van a tener que trabajar mucho con ella (saber esto les va a ahorrar muchas horas de terapia). Sean la mejor versión de ustedes, y si de versiones se trata, manténganse siempre actualizados. A no decaer, si yo pude llegar, ustedes también”.