De las nubes acarameladas al antiguo Egipto

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Crítica: Florencia Ríos

“Va a ser un festín para los ojos”, dijo la cantante sobre su Prismatic World Tour y lo cumplió.  Gracias a esta gira Katy Perry llegó nuevamente a la Argentina, después de cuatro años de espera de sus fans, los ‘KatyCats’.

Katy, californiana y dueña de innumerables éxitos, se caracteriza por buscar el impacto durante sus shows al recurrir a su inocencia; su sensualidad; su pasión por los gatos y por los colores brillantes.

The Prismatic World Tour – la gira de promoción de su disco ‘Prism’ (Prisma) – comenzó en mayo del 2014 en Reino Unido y aterrizó después de un año en Argentina para hacer vibrar al Hipódromo de Palermo, el 3 de octubre.

Para entretener a la gente que pese a los fuertes vientos esperó durante horas llegó Lali Espósito, la artista que representó a nuestro país. Con su estilo pop fusión similar al de Perry,  Lali hizo bailar al público que coreaba sus éxitos “A bailar”, “Asesina” y “Mil años luz”. Después de la energía y los alocados bailes de la telonera argentina, subió al escenario Tinashe: una cantante estadounidense poco conocida (ni Wikipedia ayuda en esta ocasión) que con un notorio playback, logradas coreografías y canciones muy pegadizas, consiguió los aplausos de los KatyCats.

Puntual – para sorpresa de muchos- salió Katy Perry al escenario dentro de un prisma luminoso e interpretó su single más conocido del disco, “Roar”. A partir de ahí, el concierto estuvo dividido en seis segmentos con diferentes temáticas y más de cinco increíbles cambios de vestuario para la artista.

Durante el primer segmento, después de saltar una soga con luces de neón, Perry interpretó “Part of Me”, seguida de una versión distinta de “Wide Awake”, mucho más electrónica que la original.

Uno de los aspectos más destacables del show es la puesta en escena que logró sorprender desde el comienzo hasta el final. Quizás sea la mejor escenografía vista en recitales desde la gran casa de Lady Gaga, realizada con habitaciones e incluso muebles.

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La cantante se lució al interpretar ‘Dark Horse’

A diferencia del concierto que brindó en 2011, en el marco del California Dreams Tour  -donde con cada canción interpretó una historia mientras la rodeaban nubes y caramelos- esta vez Perry apostó al viaje constante desde lo futurista hasta el antiguo Egipto.

Los cambios de temperatura constantes en el país empeoraron el resfrío de Perry y las voces de las coristas fueron su gran apoyo durante las canciones que, a pesar de todo, interpretó óptimamente. Lali y Tinashe le aportaron a la noche todo el baile que Katy no pudo porque, por lo visto, no es su fuerte. De todas formas, su cuerpo de bailarines es excelente y tapa esa situación.

“Hola”, “Boludo” y “te amo”, fueron algunas de las palabras en español que dijo Katy entre estornudos, incitada por dos fans que subió al escenario antes de sacarse una “Selfie”. El intercambio con el público fue constante, olvidándose por momentos de las diferencias en el idioma.

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Hot n’ Cold, al estilo del musical de ‘Cats’

Como momento relax de la noche, la artista hizo un acústico con la excelente compañía de su banda y dejó en claro el potencial de su voz con baladas como “By The Grace Of God”, “The one that go away” y “Thinking of you”.

Entre tanta escenografía y cambios de vestuario, durante los breaks se proyectaban en las pantallas diversas historias animadas sobre “Kittywood” –parodia de Hollywood para gatos- . Si bien los gatitos fashions eran divertidos, estos interludios se volvían largos y densos para un recital.

Lo gatuno no terminó porque, luego de esos videos, la cantante salió al escenario vestida de gato rosado para interpretar una versión jazz de “Hot’n’Cold”, fiel al estilo del musical Cats. Tal vez faltaron canciones como “Birthday” y “Waking up in Vegas”, pero si las dejaban en el setlist, el concierto iba a ser eterno.

Finalmente, la gente se colocó los anteojos 3D que consiguieron a la entrada y vivió un verdadero festín para los ojos, entre lásers y fuegos artificiales, al compás de “Firework”. Sin dudas, este se convirtió en el momento más importante del show.

Katy Perry es una de las pocas artistas pop que sin exceder lo excéntrico logra cautivar al público y mantenerlo expectante durante dos horas. Impactantes efectos visuales y más de 15 canciones que seguramente alguna vez escuchaste –quizás sin quererlo-, es todo lo que se necesitó para que las cosas que faltan ajustar pasen desapercibidas. No se sabe cuántos años pasaran hasta que Katy vuelva a pisar suelo Argentino, pero si mantiene la calidad de sus shows, la espera valdrá la pena.