¿Qué mundo dejamos a las futuras generaciones?: la mirada del Papa Francisco sobre el medio ambiente

 

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La humanidad entera tiene sobre sus hombros una responsabilidad muy delicada: cuidar el planeta que habitamos. Para ello, es necesario reconocer que la balanza del compromiso y las soluciones se inclina más para el lado de los sectores poderosos que para el lado de los desfavorecidos.

 

Escribe: Melina Calgaro

 

 

 

El admirado Papa Francisco en su Encíclica “Laudato Si´” (Alabado Seas) sostiene la importancia de mantener compasivas relaciones sociales, políticas, económicas y culturales, pensando no solo intergeneracionalmente, sino también de forma intrageneracional: es decir en los pobres de hoy, el consumismo obsesivo, el derroche, las malas acciones y en general, en la cultura del descarte.

La cultura del descarte consiste en la exclusión de las cosas que cada vez con mayor rapidez se convierten en basura y principalmente esta cultura afecta a las personas que quedan relegadas del sistema. Sin embargo, ¿Por qué son ineludibles las relaciones humanas a la hora de hablar del medio ambiente? Porque en la base de las relaciones se ponen en juego múltiples factores que favorecen o dañan al medio ambiente.

El Santo Padre considera que “muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático”, mientras que la verdadera preocupación de los que detentan el poder, continua reflexionando el Sumo Pontífice, es mantener los propios intereses y los intereses industriales por encima de los intereses nacionales y ambientales.

Los impactos ambientales perturban a millones de personas, según sea la región donde vivan, sufrirán las más diversas problemáticas: pérdida de biodiversidad, deforestación, contaminación, acumulación de residuos y falta de control de calidad del agua como una necesidad básica. Es una realidad que la tecnología y la ciencia han ayudado a realizar importantes avances para erigir un progreso y una civilización inusitada, pero es para destacar que en la encíclica el paradigma tecnocrático está envuelto en un manto de dudas porque sus objetivos no incluyen el bien común, nuestra tierra.

La religión católica proclama la existencia de un Creador, el cual nos ha dado el don de cuidar, proteger y labrar estas tierras, no como dueños absolutos sino a la manera de los humildes peregrinos o pasantes. Por ende, cada actividad o emprendimiento que nos propongamos debe pensar en las generaciones venideras, en las creaciones que podrán disfrutar y en las carencias que tendrán que soportar.