Estrellas, luces, y humanidad.

foto_0000000120121224163326De alguna manera, más allá de los diferentes credos, y aún dentro del agnosticismo, las personas se ven atravesadas por los climas del momento, sean sociales, políticos, y por supuesto, festivos. Cierto es que en este caso, se cruzan la festividad cristiana con la simbología que envuelve a la Navidad que surge de países europeos. Entre el nacimiento de Jesús y la leyenda de San Nicolás, el clima colorido permite encontrar, para muchos, el pretexto para la unión con sus afectos, de estar unas horas, una noche, con otros. Quizás abriéndose. Quizás profesando amor. Quizás. Porque cierto es que no todos tienen esa posibilidad. Puede resultar contradictorio hablar de Paz cuando no todos pueden recibirla. Y es por eso que, una vez más, nuestra misión es generar desde nuestra labor de todos los días, esa posibilidad. Educando, compartiendo conocimiento, incentivando la comunicación, posibilitando la gestación de proyectos en aquellas personas y espacios que no encuentran el contexto propicio. Porque en definitiva, para creyentes y agósticos, la humanidad es esa realidad palpable con la que vivimos todos los días. El deseo del bien hacia el otro, el amor, la solidaridad, trascienden la religión. Pero no las crerencias. Estas subyacen en cada mínima acción que nos impulsa, en esa convicción de que no estamos solos y nuestra vida influye en la de los demás, como la nuestra es modificada por el respirar de otros. Nuestro deseo compartido es justamente ese: que cada proyecto, sueño, hendija de luz, camino para un futuro deseado, pueda ser compartido. Que nuestro empuje impulse a otro. Que nuestro avbanzar sea apuntalado por el de otra persona que también intenta avanzar. Que ese calor (aún en medio del verano naciente) que suele sentirse como un bálsamo en el interior, encuentre a todos. Nuestra conciencia de ser parte del todo y de todos es la clave.