El nuevo modelo televisivo: Programas de debate

Por Florencia Cejas

La transformación de la televisión argentina a través del tiempo y la sociedad

En estos últimos años, posiblemente se esté viviendo un cambio transcendental a nivel económico, político, cultural, religioso y social que ha exacerbado de cierta forma la violencia interna de la sociedad ante los cambios negativos, tales como los conflictos políticos, económicos, las guerras y las constantes injusticias.

Por impactante que resulte es la necesidad de la sociedad por informarse hoy más que nunca, sobre todo por ser escuchada y accionar ante el problema, lo que en gran medida ha influenciado en los medios de comunicación más de lo puede parecer, particularmente en un medio como la televisión. Teniendo en cuenta que en sus comienzos consideraba entre sus objetivos o fines la transmisión de eventos políticos o patrióticos, para más adelante consolidarse no solo como un artefacto sino como una parte de la sociedad, un instrumento cultural con su lenguaje ya constituido, una estética y forma de consumo específicos.

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Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com

Las generaciones actuales no son iguales a sus antecesoras de las pasadas décadas, tenemos una sociedad por completo avocada a los medios digitales, nuevas plataformas de contenidos audiovisuales y las redes sociales. Si bien esta revolución digital puede ser tenida en cuenta como un factor de incidencia en este crecimiento que ha experimentado la televisión abierta en este ultimo tiempo si se quiere, no obstante, es prudente tomar como factor también la demanda generacional con respecto a los contenidos que aspiran a visualizar en la “pantalla chica” y la inmediatez con la cual los requieren.

Ahora bien ¿cómo abordaron los productores y directores de contenido estos cambios que las nuevas tecnologías han operado en los televidentes o “usuarios”?

Los programas de debate y su impacto en la televisión actual

Actualmente un cierto número de productores, directores, gerentes de contenido, actores y periodistas opinan acerca del momento actual de crisis que atraviesa la televisión argentina como modelo con respecto a la calidad audiovisual, la falta de inversión en cuanto producciones o ficciones nacionales para reemplazarlos con formatos extranjeros o programas tipo magazine o de debate que si bien pueden producir pérdidas no son las mismas que las que se generan al apostar por una ficción o serie.

En otras palabras nos enfrentamos a una situación donde no se busca invertir demasiado, pero sí seguir ganando en audiencia y recaudación monetaria y, si se pierde, que sea poco, por lo cual se recurre a formatos televisivos tales como los programas de debate que, ante la situación económica actual, representan un bajo riesgo de inversión para la televisión en general y la entrada segura en cuanto a publicidad.

Los programas de debate actualmente representan para el primetime una especie de salvavidas si se quiere, puesto que ante la ausencia de ficciones o novelas la franja horaria se ha visto saturada del mismo formato en los canales que conforman la televisión abierta. Dichos programas están conformados por un panel de periodistas y “no periodistas” que bajo la línea del conductor debaten acerca de la actualidad; ya sea en espectáculos, economía, sociedad, política y deportes.

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Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2021278-

No obstante en términos monetarios y de rating estos formatos pueden llegar a ser la clave para ganar e ir primeros en números pero ¿qué sucede cuando vemos saturadas las franjas horarias, cuando dos programas de debate se encuentran compitiendo bajo el mismo horario o hasta tratando el mismo hecho informativo? ¿Realmente pueden considerarse como contenido televisivo de interés e inclusive con fin informativo o en realidad este formato basado en la discusión perpetua solo se trata de espacios de variedades con breves momentos dedicados a la actualidad informativa?

Programas de debate: ventajas y desventajas

La visión ante los formatos televisivos de debate resulta negativa en cuanto a la asociación que se hace de ellos con respecto su desenvolvimiento en pantalla, es decir,  pasa a transformarse en un sitio donde cualquier tema es puesto en discusión. El problema planteado no es tratado de antemano, sino que surge en el momento o a través de un informe armado un tanto a las apuradas para que los panelistas puedan rápidamente “atacar” el tema a tratar.

En cuanto a las problemáticas de extrema sensibilidad sea de tipo social, económica o política que allí pueden debatirse deja al televidente aún más desinformado que al comienzo del programa, ya que dichos temas son tratados en forma superficial, la discusión de los mismos resulta pobre y simple en cuanto a ideas o soluciones. Pero, por sobre todo este tipo de formatos perpetua el enfrentamiento por el enfrentamiento mismo sin argumentos claros o válidos donde la pelea constante, el insulto y la intolerancia hacia la diferencia de ideas son los recursos que le quedan e importan para atraer al espectador.

Lo que erróneamente resulta clave en estos tipos de programas solo contribuye a la banalización de problemáticas serias que requieren del tiempo y la información necesaria para tratarlas en televisión, los debates se tornan similares a los de la farándula para terminar discutiendo desde política hasta que paso en el bailando la noche anterior.

No obstante, es importante tener en cuenta que hay todavía ciclos televisivos que responden a aquello que debe representar un programa de debate, sea el caso del reciente destacado y nominado en el Festival de Shanghái de este año: “¿Qué piensan los que no piensan como yo?”, transmitido por la señal del canal Encuentro y en la Televisión Pública.

Ahora bien, en este caso se trata de un formato de tipo cultural, conducido por la filósofa Diana Cohen Agrest; en este espacio se encargan de abordar temas de índole muy polémica y no tan debatidos pero que constituyen a su vez una problemática que si nos concierne a todos y sobre las cuales tarde o temprano deberemos opinar: el matrimonio homosexual, la homoparentalidad, el aborto, la eutanasia voluntaria y el suicidio asistido, el alquiler de vientre, la pena de muerte, la tenencia de drogas, el perfil genético de los delincuentes.

Lo que se destaca del programa es el modo en que se tratan las temáticas allí planteadas, ya que cada una es abordada desde una pluralidad de voces y enfoques para aportarle al espectador diversos puntos de vista con los cuales eventualmente puede o no coincidir.